Otra vez me acerqué muy despacito al “árbol” y
con mi hocico alcancé a agarrar una pelota muy brillante que estaba colgada. Además,
marqué mi territorio para que le quedara claro que no lo quiero en mi casa.
¡Guarf…. Guarf! ¡Creo que gané! el árbol no hizo
nada más que quedarse ahí quieto, sin luces porque ya era muy noche, yo estaba
muy contenta y esperé a que Angie despertara para decirle que no había peligro,
yo podía con el monstruo blanco sin ayuda de nadie.
¡Oh, oh! Cuando despertó y vio que deshice la
pelota brillante y marqué territorio ¡me regañó! Yo pensé que iba a ponerse muy feliz.
Me abrazó y me acercó al árbol para decirme
otra vez que no tuviera miedo. ¡Grrrrrrr! Volví a gruñir. El monstruo encendió
sus luces en ese momento, pero con Angie cerca no pude hacer nada.
Volveré a esperar a que se quede apagado y ya
verá ese monstruo que yo soy muuuuy valiente.
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