Angie me puso la correa y me llevó a pasear por el vecindario. Yo estaba muuuuy contenta.... ¡di varios saltos de alegría!
Yo quería oler todo lo que encontraba: la tierra, las piedritas, los postes, ¡wow! estaba muy emocionada conociendo la calle y de pronto, vi a unos animalitos que no había visto antes, quise correr pero no pude, recordé que traía mi correa, Angie dijo que eran palomas.
¿Palomas? ¡wow! estaban comiendo algo del suelo; así que agarré fuerzas y corrí a ellas soltándome de la mano de Angie. Corrí muy feliz hacia las palomas que al ver que yo me acercaba volaron todas al mismo tiempo.
¡Wow! ¡yo no puedo volar!
¡Wow! ¡yo no puedo volar!
Me detuve y entonces Angie alcanzó la correa pero se tropezó en ese momento y cayó con las piernas al cielo. Ella se rio un poco, y a mí se me hizo divertido que se riera; dijo que era peligroso que yo corriera por la calle, ¡Lo bueno es que no se hizo daño! aunque ya no supe qué comían las palomas porque no vi nada en el suelo.

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